Menos móvil y más vida real

Adicción al móvil

No soy muy nostálgica en casi ningún aspecto de la vida. Sin embargo una parte de mí añora esos días de mi infancia en los que te quedabas en casa esperando una llamada o llamabas desde una cabina cruzando los dedos para que tu amigo no hubiera salido de casa y poder avisarle de que llegabas tarde. En aquellos tiempos la vida y la realidad, nos obligaban a tener paciencia y por ejemplo ser puntuales o comprometernos con nuestra palabra. Si decías que ibas a estar ¡ibas a estar! No podías simplemente mandar un mensaje que dijera:

“Se me ha liado la tarde, lo dejamos para otro día”.

No todo tiempo pasado fue mejor. Las nuevas tecnologías han cambiado nuestra vida a mejor en tantos aspectos que no puedo nombrarlos todos. Pero necesitamos parar un momento y retomar las riendas de cómo las estamos usando.

Sin demonizar o exagerar pero afrontando la realidad, tenemos datos suficientes para afirmar que el uso compulsivo e inconsciente que estamos haciendo de los teléfonos móviles (y otras formas de tecnología) tiene consecuencias claras en nuestra salud física y psicológica.

En un post anterior hablé de los límites y de su función para poder dedicarle tiempo a las personas y actividades que nos hacen felices. En este caso los límites son muy concretos y están relacionados con tu relación con tu teléfono móvil.

¿Sabes que según estudios recientes pasamos una media de 4 horas al día mirando el teléfono móvil? 28 horas a la semana. 112 horas al mes…

neurociencia

¿Por qué? Un poco de neurociencia

Cada vez que miras tu móvil, tu cerebro segrega una dosis de dopamina y esto te hace sentir muy bien, lo que hace que poco tiempo después quieras tener otra pequeña dosis de ese neurotransmisor. Te genera placer inmediato.

Piénsalo. Cada vez que miras tu móvil tienes una posible “buena noticia esperando”. Un amigo proponiendo un plan, un nuevo “like”, una oferta de trabajo, una llamada de alguien que quería saber de ti…

Sin embargo este placer inmediato también te genera ansiedad inmediata. Te hace dependiente de volver a realizar esa conducta pronto para volver a sentirlo. Además, cuando no lo haces, experimentas malestar y síntomas de abstinencia (nerviosismo, pensamientos obsesivos, ansiedad, etc). Esta es la base de cualquier adicción. Se trata de un circuito de recompensa muy breve. Las aplicaciones por cierto, están diseñadas para generar un deseo intenso de volver a consultarlas.

Busquemos serotonina:

La serotonina es otro neurotransmisor que nos hace sentir bien. De hecho es el neurotransmisor más relacionado con la felicidad y el componente principal de muchos antidepresivos. Se segrega entre otras formas estando con amigos, haciendo deporte, paseando, haciendo algo por otros o practicando una afición. Lo que ocurre es que este circuito es más largo y por lo tanto, no tiene un efecto tan inmediato e intenso como el de la dopamina. En otras palabras, hay que tener más paciencia para sentir sus efectos positivos pero a la larga produce una sensación de serenidad y felicidad más profunda y duradera.

Adicción al móvil

Mira la realidad para (si quieres) cambiarla:

Imagino que si has llegado hasta aquí es porque te puedes identificar al menos en parte. Así que como conocer no sirve de mucho sin hacer, merece la pena ir a la parte más práctica. Puedes empezar por:

  • Tomar conciencia de cuál es tu relación con tu móvil. Sin vergüenza y sin culpa pero con realismo.
  • Bloquear pensamientos de autoengaño del tipo: “Es imposible, todos me demandan mucho, necesito estar así de pendiente para que X (trabajo, relación, amistad, red social, etc) no se desmorone”.
  • Identificar qué límites necesitas poner para proteger tu tiempo libre, tus aficiones, tus relaciones y tu paz mental.
  • Tener preparado un saco de paciencia porque las resistencias serán muchas y así previenes frustrarte pronto.

Ejemplos:

Algunos límites que yo intento poner en mi vida y que te animo a que pruebes (o añadas otros que te sirvan más):

  • No mires el móvil una hora antes de acostarte ni lo consultes durante la primera hora de la mañana que estés despierto.  
  • Reprime el deseo de tener el móvil en la mano en cualquier rato muerto: Nada más quedarte a solas, en el intermedio de un programa, mientras esperas 3 minutos para pagar en una tienda o incluso caminando por la calle.
  • Decide en qué momentos del día y cuánto tiempo le vas a dedicar a las redes sociales. Evita que sea un constante goteo.
  • Apaga el móvil para concentrarte (para trabajar, para estar con alguien).

En definitiva, observa si tu actual relación con tu móvil es una fuente de distracción, ansiedad y desconexión con la vida real y si este es el caso, qué pasos necesitas dar.

Psicología

¡Mide los resultados!

¿Cómo te sientes cuando le pones algo de límites a tu teléfono móvil? Toma conciencia y ponlo por escrito, así tu cerebro los registra mejor.

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