Lo que aprendí después de trabajar con 300 personas con sobrepeso

Terapia de grupo

Durante 5 años, trabajé a diario con personas que sufrían debido a su sobrepeso, a su mala relación con la comida y a su rechazo a su cuerpo. 

Acompañé a cientos de personas en terapia individual y de grupo, uno de los enfoques más útiles y potentes para abordar esta dificultad. Por el centro pasaron personas con todo tipo de dificultades con la comida porque quitando trastornos de alimentación más graves y crónicos como la anorexia o la bulimia, se puede tener una mala relación con la comida de muchas maneras:

  • Con mucho y con poco sobrepeso.
  • Con y sin atracones.
  • Con y sin conductas de compensación (deporte, ayunos, conductas purgativas).
  • Con una lista infinita de dietas, batidos, desintoxicaciones, ayunos y operaciones o sin conciencia alguna de tener una mala relación. 
  • Personas que podían hablar abiertamente en su entorno de su mala relación con la comida y personas que llevaban toda la vida ocultando su sufrimiento y su lucha interna.

Aprendí mucho de los trastornos de alimentación relacionados con la sobre-ingesta y del sufrimiento que conllevan. Comparto algunas reflexiones de lo que aprendí que creo que te pueden ayudar si tienes una mala relación con la comida o conoces a alguien que sufra por este tema: 

1. El sobrepeso es un SÍNTOMA que está avisando de un desequilibrio.

La mala relación con la comida y el sobrepeso son síntomas, no causas. No estoy hablando de tener “unos kilos de más”. Hablo de un sobrepeso que afecta a la salud física pero también psicológica. El tratamiento de un trastorno de alimentación siempre pasa por identificar cuál es el problema subyacente a utilizar la comida como una manera de gestionar emociones.

Me ayuda explicar esto con un ejemplo. El sobrepeso es como la fiebre, es decir, una alerta de que algo no funciona bien. Si tratas la fiebre de manera sintomática con un medicamento, desaparecerá momentáneamente. Sin embargo, si no prestas atención a la causa, volverá a aparecer en cuanto se pase el efecto de la medicina. Lo mismo pasa con las dietas que sólo se centran en contar calorías y perder peso rápidamente. Sin poner el foco en la causa subyacente, se deja todo en manos de la fuerza de voluntad, que es finita. 

Cómo comes suele ser un reflejo de cómo estás, cómo te sientes en la vida, cómo te relacionas y en definitiva cómo vives.

2. La aceptación y una actitud benévola con uno mismo marca el curso de la recuperación

“Hasta que no adelgace, odiaré mi cuerpo. ¿Quién puede querer un cuerpo tan _____?” Durante estos años encontré que lo más habitual es que las personas con una mala relación con la comida tienen una relación muy negativa con su cuerpo y con su imagen.

“La gran paradoja del ser humano es que sólo cuando me acepto tal y como soy, sólo entonces puedo cambiar”. Carl Rogers

Sin embargo y tal y como señalan los estudios científicos, aquellas personas que tienen una actitud más benévola hacia sí mismas, tienen un pronóstico mucho mejor y avanzan mucho más en todos los aspectos del tratamiento (físico, psicológico y emocional).

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3. La palabra DIETA no ayuda.

La palabra DIETA es engañosa, confusa, bloqueante y me atrevería a decir que perjudicial. “Estar a dieta” trae recuerdos desagradables y ansiógenos. La alimentación es una pata, pero la restricción excesiva es inútil.

4. Tener un objetivo que no sea “perder peso” es clave. El lenguaje es generador de realidades.

Tener un objetivo claro, asumible, y coherente con uno mismo es el primer paso. Pude observar que quienes se ponían objetivos centrados en su bienestar emocional y vital: “Sentirme bien conmigo mismo”, “Conseguir llevar un estilo de vida saludable”, solían evolucionar mejor que aquellos que se ponían objetivos concretos, centrados exclusivamente en el peso o la comida: “Pesar 60 kilos”, “No volver a comer chocolate nunca más”.

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5. ¿Dónde empezó la mala relación con la comida? 

Muchas personas han hecho miles de dietas pero no se ha parado a pensar en qué momento empezó la mala relación con la comida. Cada uno tenemos una historia familiar, emocional y personal diferente. Aprendemos a comer y a relacionarnos con la comida desde que nacemos y nuestra historia con la comida y con nuestro cuerpo es única.

Comprender el origen ayuda mucho a manejar el presente y saber dónde hay que poner el foco.

6. Poner el foco en el día a día es clave.

Me gusta mucho una frase que he leído en diferentes sitios: “La depresión es demasiado pasado, la ansiedad es demasiado futuro”.  Centrar la atención en el aquí y el ahora, en cada día, en cada comida, nos lleva a una sensación de control muy agradable. Tan importante como cuidar la alimentación, es aprender a parar el columpio.

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