¿Eres optimizador o maximizador?

Hace poco una amiga me contó que cuando estaba en plena búsqueda de trabajo, se dio cuenta de que si conseguía maximizar 3 de los 5 aspectos más importantes para ella en su búsqueda, estaría satisfecha. En su caso estos 5 aspectos eran: sueldo, interés y estímulo del trabajo, ambiente laboral, horario y localización geográfica. Mientras buscaba trabajo e iba haciendo diferentes entrevistas, se había dado cuenta de que para facilitar su decisión, pondría el foco en priorizar 3 de esos 5 factores importantes para ella. Me pareció una manera muy inteligente y sobretodo muy sana de abordar su elección. Por eso, creo que puede ser de utilidad reflexionar acerca de cómo tomas tus propias decisiones.

Las personas podemos dividirnos en dos tipos: Maximizadores y optimizadores.

Los maximizadores:

Los maximizadores suelen ser perfeccionistas y son personas que toman decisiones con una cierta obsesión por encontrar LO MEJOR.

  • El mejor coche
  • El mejor trabajo
  • El mejor restaurante
  • La mejor casa
  • El mejor nombre para su hijo…

En el caso de los maximizadores esta búsqueda de lo mejor se fundamenta frecuentemente en fuentes externas de información como rankings, opiniones mayoritarias, prestigio o sueldo. Las garantes de que la opción que toman es la mejor son estas fuentes externas y no su propia valoración personal. 

Lo mejor se ve como un término absoluto y no relativo a las necesidades individuales.

Máximo análisis – Menor satisfacción:

Lo que ocurre es que debido a esta desconexión con sus propias preferencias y necesidades, la satisfacción posterior a la decisión suele ser más baja de lo esperable. Se invierte mucho tiempo en analizar todas las opciones y se racionaliza mucho la decisión. Sin embargo, lo curioso es que tras decidirse, los maximizadores por lo general no se sienten del todo satisfechos, puesto que toda elección conlleva una pérdida. Su tendencia perfeccionista hace que lleven muy mal aceptar la renuncia.


Elegir un coche deportivo es renunciar al maletero, elegir un trabajo exigente y prestigioso, es renunciar a estar en la zona de confort, elegir ir a una fiesta el mismo día que tenías una cena, es renunciar a la cena y así infinitamente.

Los optimizadores:

Los optimizadores por otro lado, son personas que toman decisiones buscando una opción suficientemente buena para ellos. Un optimizador quiere que su elección tenga las características básicas que necesita para satisfacer sus necesidades teniendo en cuenta sus posibilidades. La diferencia principal es que son capaces de hacer esto conectándose con su intuición, valorando su situación personal sin obsesionarse por cuál es la “mejor” opción.

Los optimizadores buscan una opción suficientemente buena. Funcionan bajo la premisa de que no existe un “lo mejor” en términos absolutos, si no que existen muchas opciones buenas y algunas que se ajustan especialmente a sus necesidades. Es decir, no existe un mejor coche, un mejor trabajo, un mejor lugar de vacaciones etc. Esta manera de elegir les hace sentirse más satisfechos con sus decisiones puesto que no cuestionan su decisión una vez tomada y están más dispuestos a aceptar las renuncias implícitas en toda elección.

Cuando la tendencia a buscar lo mejor, se convierte en una fuente de ansiedad y frustración:

Algunos estudios han relacionado la tendencia a enfrentar las decisiones desde una perspectiva maximizadora con el perfeccionismo, mayores niveles de ansiedad, tendencia a la comparación con otros, la culpa y al arrepentimiento.

Salir de la trampa de la mejoritis:

El psicoanalista Winiccot se refirió a las madres que podían satisfacer las necesidades de sus niños, sirviendo de contención como madre suficientemente buena. No dijo madre perfecta.  Nadie necesita el mejor trabajo, o el mejor colegio, o el mejor coche. En su libro “The paradox of choice”, el psicólogo Barry Schwarts describe cómo una gran abundancia de opciones no necesariamente se transforma en una mayor satisfacción con el resultado de la decisión. Tener demasiadas opciones puede ser bloqueante , especialmente para aquellos que afrontan las decisiones como una batalla en la que se puede ganar o perder en términos absolutos.

Ejercicio práctico: Cómo tomar una decisión

  1. Piensa en la decisión que tienes que tomar.
  2. Ahora deja que vengan a tu mente diferentes opciones.
  3. Analiza de manera rigurosa pero ágil (en tiempo y en forma) las características de esas decisiones.
  4. Por último recuérdate diciendo en tu cabeza (o en alto si estás sólo) que no hay una sola opción buena. Hay muchas opciones buenas que tendrían buenos resultados. Hay probablemente más de una opción suficientemente buena.
  5. Decide en tu cabeza repitiéndote esto y mira a ver qué sensaciones aparecen.

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