¿Quieres tener relaciones sanas? Aprende el arte de poner límites

Psicología

Da igual quien seas, saber poner límites es la única manera de tener relaciones sanas en tu vida. Con tus amigos, con tu pareja, con compañeros de trabajo, con tu familia, pero sobretodo contigo mismo.

Antes de nada, un pequeño recordatorio sobre qué es un límite y para qué sirve:

Poner un límite es comunicar a los demás las cosas son importantes para ti y cómo quieres que te traten. El objetivo de poner un límite es protegerte a ti y a tus prioridades y valores de posibles interferencias. En resumen los límites transmiten información acerca de:

  • Lo que te gusta: Tener tu casa ordenada, ahorrar, tener espacios de silencio, comer sano, que tus hijos aprendan idiomas o leer.
  • Lo que no te gusta: Que otros comenten acerca de tu peso o tu físico, que te traten mal (clara o sutilmente), no poder dormir hasta tarde porque los vecinos hacen ruido o que les den a tus hijos chuches constantemente cuando no quieres que las coman.
  • Lo que es aceptable: Que te vayan a ver por sorpresa al trabajo, que te pidan un favor o que te abracen.
  • Lo que no es aceptable: Que otros te culpen por sus problemas y te amenacen con dejar de quererte (o despedirte, o valorarte) si no sucumbes a lo que esperan de ti.

Ya…pero, ¿cómo lo hago? ¿Y si se enfadan? Yo no quiero ser un egoísta

¿Cómo pongo un límite sin que los demás se molesten o se enfaden?” La respuesta es sencilla, ¡eso no depende de ti! Si decides proteger tus prioridades y tu espacio, te puede pasar que alguien se sienta molesto, a veces poco y otras veces mucho. Eso no significa necesariamente que hayas hecho nada mal (otra cosa es la forma de poner límites, pero eso lo dejo para otra entrada dentro de poco).

Un ejemplo sencillo: Imagínate que te vas a casar y tu madre/suegro/cuñado/amiga quiere decidir detalles que para ti y tu pareja son relevantes (lugar de celebración, catering o fecha). Es posible que en el caso de poner un límite: “Te agradezco mucho tu ayuda y tu opinión pero esta decisión la queremos valorar y tomar nosotros”, es posible que esa persona se moleste y se enfade. Sin embargo esto no quiere decir que sea un límite mal puesto.

Límites

El primer paso, identifica los tuyos:

Todos somos distintos y por eso los límites (como el ADN) son personales e intransferibles. Esto parece obvio pero en consulta compruebo muy frecuentemente que las personas tenemos muchas dificultades para identificar cuáles son nuestros límites.  

Puedes empezar haciendo un sencillo ejercicio. Rellena las siguientes frases con cosas que son importantes para ti:

1.Para proteger mi tiempo y energía tengo derecho a…………………………………………………

Ejemplos: Apagar el móvil aunque otros esperen que esté pendiente, cambiar de opinión acerca de un plan, decir que no cuando me piden un favor, pedir ayuda.

2. No voy a permitir que los demás……………………………………………………………………………………………………………….

Ejemplos: Me traten mal o me manipulen.

3. Si quiero proteger mis prioridades (tiempo con mi familia, cuidado de mi salud, de mi pareja, de un proyecto que me ilusiona) necesito limitar………………………………………………………………………………….

Ejemplos: Las horas en el trabajo, las demandas externas que no son una prioridad para mí, las opiniones de otros acerca de cómo debería relacionarme con estas cosas.

¿Por qué nos cuesta tanto poner límites?

1.Por miedo

A ser egoístas, a que otros se enfaden, a que nos dejen de querer, a no ser personas “facilitadoras o flexibles”, a parecernos a esa persona que siempre hemos despreciado porque era todas esas cosas (egoísta, fría, complicada…).

2. Por falta de autoconocimiento

Para poner límites tienes que saber qué te gusta y qué no. Esto parece evidente pero es habitual tener el síntoma sin saber la causa. “Tengo ansiedad pero no sé por qué” puede decir alguien que sufre constantes invasiones y comentarios pasivo-agresivos por parte de un familiar o compañero de trabajo sin ser muy consciente.

“Estoy sin fuerzas, no me ilusiona nada” puede decir alguien que lleva años viviendo pendiente de las demandas de otros y directamente se ha desconectado de sus propias necesidades de ocio, descanso, desarrollo o silencio.

3. Por no saber cómo

Bajo una capa de “buena educación” hemos aprendido a no poner límites como si de esta manera estuviéramos siendo más agradables. Crecemos sin comprender que no es incompatible el hecho de poner límites con cuidar a otros y ser personas amorosas y cuidadosas. Nos faltan herramientas: el «cómo» y el «cuándo». En breve una entrada exclusivamente de esto.

¿Sabes que es lo más curioso de todo? Quien se da permiso para poner límites, acepta mejor los límites de otros y se relaciona desde la libertad. En otras palabras: quien se valora y respeta a sí mismo, lleva bien que los demás se valoren y se respeten. No tiene que salir perfecto a la primera, es cuestión de ir aprendiendo.

1 comentario en “¿Quieres tener relaciones sanas? Aprende el arte de poner límites”

  1. Poner límites es costoso… y tener que ponerlos todo el rato agotador para alguien que sale de su zona de confort cada vez que lo hace…Esperando el segundo capítulo

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